
El verano europeo llegó con varios compromisos impostergables para la princesa Carolina quien, a sus 69 años y sus canas al viento, sigue siendo un imán para las cámaras. Su simpatía, su cercanía y su estilo impecable (una inspiración para mujeres de distintas generaciones) nunca pasan desapercibidos y los primeros días de julio sirvieron de ejemplo concreto de lo que provoca la princesa en cada una de sus apariciones públicas. El miércoles 1, la hija de Raniero y Grace Kelly estuvo presente, junto a sus hijas Charlotte Casiraghi y la princesa Alexandra de Hannover, en la exposición Victor Brauner, L’Aventure Magique, montada en Villa Paloma, uno de los espacios de arte más importantes del principado. Carolina eligió para la cita arty un look blanco y negro como sinónimo de elegancia eterna.
Dos días después, asistió a la Copa Longines Pro-Am en el Campeonato Internacional de Salto de Montecarlo 2026, celebrado en Port Hercule, junto a Charlotte, creadora de la copa en 2010. Madre e hija fueron las encargadas de entregar los premios a los ganadores.
El sábado 4, con motivo del 40° aniversario de Les Ballets de MonteCarlo, la princesa se dio cita en la gala que reunió sobre el escenario a antiguos bailarines, coreógrafos y artistas que formaron parte de la historia de la compañía creada por Jean-Christophe Maillot, de la que Carolina es presidenta. Para ese evento, que compartió con su hija menor, repitió el exitoso tandem falda-camisa: rescató de sus propios archivos una pollera estampada con autos de las décadas del 40 y el 50 que circulan por Cuba, perteneciente a la colección Resort 2017 de Chanel, presentada en La Habana en 2016.
Fuente: La Nación







