Carhué y Epecuén: termas y memorias junto al lago

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En el sudoeste bonaerense hay un destino donde el agua guarda memoria. Carhué, cabecera del partido de Adolfo Alsina, mira al lago Epecuén y propone una pausa entre termas, patrimonio, naturaleza y una de las postales históricas más singulares del país.
La historia local se remonta al territorio indígena de frontera y al fuerte levantado en la década de 1870. Décadas después, Villa Epecuén nació en 1921 como balneario termal y vivió un notable auge turístico. En 1985, la crecida venció las defensas e inundó la villa. Cuando el agua retrocedió, quedaron calles, árboles y edificios cubiertos de sal: un paisaje que hoy se recorre con respeto y ayuda a comprender la dimensión humana del episodio.
Carhué está a unos 520 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. Sus calles anchas, ramblas, casas bajas y ritmo tranquilo invitan a caminar o moverse en bicicleta. La identidad urbana también lleva la firma monumental de Francisco Salamone: el Palacio Municipal y el antiguo Matadero, inaugurados en 1938, enlazan geometría, Art Decó y paisaje pampeano. Se suman la plaza Levalle, el Museo Regional, espacios culturales y el centro de interpretación de Epecuén.

El lago es el gran protagonista. Su elevada concentración de sales facilita la flotación y alimenta piscinas termales de hoteles y del parque termal. La playa ecosustentable, el Paseo del Muelle, el Sendero del Molle y las costas frecuentadas por flamencos completan el circuito. Hay caminatas, cicloturismo, cabalgatas, observación de aves y excursiones guiadas; antes de ingresar al agua conviene consultar las condiciones y zonas habilitadas.

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La agenda cultural suele sumar ferias de artesanos y emprendedores, muestras, talleres y música. En tiendas y puestos aparecen productos regionales y piezas vinculadas con la identidad salina. La mesa local conserva sabores criollos e inmigrantes: parrillas, restaurantes, cafés y casas de té conviven con cervecerías y cocinas hoteleras. Más que buscar un plato único, vale probar recetas caseras, carnes, pastas y dulces; horarios, reservas y aperturas deben verificarse antes de viajar.
Para ampliar el recorrido, Guaminí y sus lagunas, Pigüé, los pueblos rurales de Adolfo Alsina y, más lejos, Bahía Blanca permiten armar una ruta por el sudoeste provincial. Dos o tres noches alcanzan para conocer lo esencial sin apuro. Primavera y otoño ofrecen temperaturas amables; el verano favorece la playa, y el invierno, las termas y los paisajes de sal. Hay que llevar protector solar, abrigo por capas, calzado cómodo, traje de baño, agua y, si interesa la fauna, binoculares.
Desde Buenos Aires, en auto son unos 530 kilómetros por RN 205, RP 65, RN 33 y RP 60. También hay servicios de ómnibus, cuyas frecuencias conviene confirmar. Por vía aérea, se puede volar a Bahía Blanca y completar cerca de 196 kilómetros por tierra en auto alquilado o traslado coordinado.
Carhué y Epecuén resultan ideales para quienes disfrutan de la historia, la fotografía, la arquitectura, el bienestar y el turismo de naturaleza. No hace falta elegir entre descanso y descubrimiento: acá ambos aparecen en la misma orilla.
 
 
 

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