Charla de vereda: democracia, podas y otros pinchazos argentinos

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Entre espinas, risas y confusión, los vecinos intentan descifrar cómo votar el 26 de octubre sin lastimarse (ni con la planta ni con la boleta)

En Argentina se vota el 26 de octubre, y parece que lo que más nos preocupa no son las promesas ni los discursos, sino la boleta.Ese papelito que debería ser símbolo de democracia se volvió un misterio nacional.

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La escena: una tarde cualquiera en la vereda del barrio.Sol tibio, mate compartido y el vecino del fondo podando una planta con espinas, más concentrado en opinar que en mirar lo que corta.Habla, gesticula, se pincha, sangra un poco, pero no se detiene.

Parece Rambo versión jardinero.—“Yo ya sé cómo es —dice mi vecina, segura—. Entrás al cuarto oscuro, agarrás la boleta, la doblás, la metés en el sobre y chau.”—“¡Estás loca! —salta otro—. Hay que llevar una tijera, cortar la parte del partido que te gusta y meter eso en el sobre.”El de la planta se pincha otra vez, mira la mano ensangrentada y sentencia:“No, lo importante es llevar lapicera propia, porque la que te dan es borrable.

Te cambian el voto después.”Silencio.El mate quedó en el aire.Ya nadie pensaba en los candidatos ni en las propuestas, sino en cómo no quedar como papanatas el día de la elección.Hasta que el más joven del grupo, celular en mano, buscó en Google.Nos acercamos todos, incluso Rambo-jardinero, que dejó la tijera colgando del rosal.

Leyó en voz alta:“Boleta única. Se marcan los candidatos según los círculos, se dobla para que no se vea y se mete en el sobre.”Nos miramos entre confundidos y avergonzados.Y ahí entendimos: vamos a votar, pero no tenemos ni idea de cómo hacerlo.Lo gracioso se volvió serio.Porque si no sabemos ni cómo usar la boleta, ¿cómo vamos a reconstruir lo que tantos se encargaron de destruir?Y mientras los medios siguen con chismes de famosos y panelistas que gritan más que opinan, nadie explica lo esencial: cómo votar, qué elegimos, por qué importa.No se trata solo de doblar el papel, sino de enderezar el país.

Porque reconstruir también empieza ahí, en la vereda, entre mates y espinas, donde los vecinos todavía creen que informarse es cosa de otros.Este 26 de octubre, cuando entremos al cuarto oscuro, llevemos algo más que la lapicera:llevemos información, criterio y esperanza.Y como dijo el vecino mientras se pone una curita:“A votar bien, gente… que después no hay tiritas que alcancen.”

Por Andrea Elvira Abrigo.

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