El diagnóstico de hipotonía generalizada en su hija Joaquina llevó a Cecilia Fornieles a replantearse su carrera en el mundo corporativo y a embarcarse en un camino de transformación personal y familiar. Cuando Joaquina tenía apenas cuatro meses, su vida cambió radicalmente, enfrentándose a un nuevo estilo de vida que implicaba terapias constantes y un enfoque renovado hacia la maternidad.
Cecilia recuerda cómo, al principio, su preocupación era centrarse en las sesiones de rehabilitación y el deseo de que todo volviera a la normalidad. Sin embargo, con el tiempo comprendió que su vida no volvería a ser la misma y que la discapacidad de Joaquina impactaría en toda la familia.
“Pasábamos más tiempo viajando de una terapia a otra que en casa”, relata Cecilia, quien también es madre de Damasia, su segunda hija. Este intenso ritmo de vida la llevó a reflexionar sobre cómo el tratamiento y la rutina afectaban no solo a Joaquina, sino a todos los miembros de la familia.
Con el tiempo, Cecilia entendió que la discapacidad no era solo un desafío para su hija, sino que transformaba la dinámica familiar. “Aprendimos que la familia también necesita herramientas y apoyo para enfrentar estos desafíos”, afirma.
El impacto de la equinoterapia
En medio de esta búsqueda de soluciones, la equinoterapia se presentó como una opción que no solo benefició a Joaquina, sino que también incluyó a toda la familia en el proceso terapéutico. “Notamos cambios significativos que iban más allá de lo físico”, explica Cecilia, destacando el vínculo especial que se establece con los caballos durante las sesiones.
Este nuevo enfoque le permitió a Cecilia redescubrir la rehabilitación y, motivada por su experiencia personal, decidió dejar su trabajo y dedicarse a ayudar a otras familias en situaciones similares. Se formó en educación inclusiva y equinoterapia, dando vida a El Granero, un espacio diseñado para ofrecer terapias integrales y coordinadas.
Un centro para toda la familia
El Granero, inaugurado oficialmente en 2019, se basa en la idea de que la rehabilitación debe ser un proceso en el que toda la familia esté involucrada. “Cuando los terapeutas trabajan juntos, el proceso se potencia”, asegura Cecilia.
El espacio abarca diversas áreas, desde consultorios interdisciplinarios hasta talleres para jóvenes y adultos con discapacidad, además de ofrecer un programa que brinda becas a familias con recursos limitados. “Nuestro objetivo es acompañar a las familias en su proceso y brindarles las herramientas necesarias”, destaca Cecilia.
Construyendo una comunidad de apoyo
Con más de una década de experiencia, Cecilia ha aprendido el valor de la comunidad. “Encontrarse con otras familias que atraviesan situaciones similares brinda una comprensión inmediata que es difícil de encontrar en otros contextos”, comenta.
El lema de El Granero, “Abrazar los desafíos en familia”, refleja la filosofía de trabajo de Cecilia y su equipo. “Lo importante no es el desafío en sí, sino cómo decidimos enfrentarlo juntos”, concluye.
Fuente: La Nación







