De tripulante a rescatista: la misión solidaria de un trabajador de Aerolíneas Argentinas

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A pocos metros del lugar donde años atrás le dio el primer beso a la mujer con la que formaría una familia, Christian Luccisano ayudaba a los sobrevivientes a organizarse, entrar y salir de los escombros. Lo que alguna vez había sido el escenario del comienzo de su historia de amor se había transformado, en cuestión de minutos, en una de las zonas más devastadas por el terremoto que sacudió a Venezuela.

Mientras miles de pasajeros continúan viajando cada día a bordo de Aerolíneas Argentinas, uno de sus tripulantes decidió cambiar, por un tiempo, la cabina de un avión por un casco, botas y guantes de rescate. Christian, de 41 años y con dos décadas de trayectoria en la compañía de bandera, viajó como voluntario para colaborar con las tareas humanitarias en La Guaira, el barrio donde vive gran parte de la familia de su esposa.

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No fue una decisión improvisada. Tampoco un viaje cualquiera. El ayudar recolectando dinero y enviándolo a damnificados no alcanzaba.

La historia de Christian está profundamente ligada a Venezuela. Allí conoció a Josmar, quien trabajaba como recepcionista en el hotel donde se alojaban las tripulaciones de Aerolíneas Argentinas durante las escalas en Caracas. De aquel encuentro nació una historia que cruzó fronteras: ella dejó su país para comenzar una nueva vida en Buenos Aires y, juntos, construyeron una familia con dos hijos.

Por eso, cuando la tierra tembló dos veces en apenas quince minutos y las imágenes de destrucción comenzaron a recorrer el mundo, el desastre también golpeó muy cerca de su propia historia.

UN LEGADO QUE SE HEREDA

Christian pertenece a la cuarta generación de una familia ligada a Aerolíneas Argentinas. Desde sus bisabuelos hasta sus padres, la aviación fue parte de su vida. Pero también heredó otra enseñanza: la de tender una mano cuando alguien lo necesita.

Movilizado por la situación que atravesaban los familiares de su esposa, pidió una licencia especial para incorporarse al equipo de rescate de CEPA (con más de 700 voluntarios en labor a lo largo de todo el país), así ocupó su asiento en uno de los vuelos humanitarios comandados por Enrique Piñeyro.

Aerolíneas Argentinas y la Asociación Argentina de Aeronavegantes no dudaron en acompañarlo. Además de autorizar su participación en la misión, colaboraron económicamente para que, una vez en destino, pudieran comprar medicamentos, alimentos y agua destinados tanto a los rescatistas como a las víctimas del terremoto.

CUANDO EL ENTRENAMIENTO DEJA DE SER UN SIMULACRO

Durante veinte años, Christian se preparó para responder a emergencias dentro de un avión. Evacuaciones, incendios, despresurizaciones o accidentes forman parte del entrenamiento permanente que reciben los tripulantes de cabina.

Pero nada lo había preparado para enfrentarse a una tragedia de semejante magnitud.

Durante nueve días trabajó en La Guaira, una de las localidades más afectadas por el sismo. Participó en la organización del ingreso y la salida de los equipos de rescate, colaboró en la búsqueda entre los escombros y acompañó a familias que esperaban noticias de sus seres queridos.

Las jornadas eran largas. El cansancio se mezclaba con el silencio. Cada rescate alimentaba una esperanza; cada hallazgo, muchas veces, obligaba a enfrentar una realidad desgarradora.

Y, sin embargo, el destino todavía le tenía reservada otra prueba.

El campamento donde se instaló el equipo argentino quedó ubicado a pocos metros del lugar donde años atrás había compartido su primera cita con Josmar. En medio de una ciudad golpeada por la tragedia, ese rincón seguía allí, recordándole que la vida también sabe abrirse camino incluso después del dolor.

VOLVER DISTINTO

Christian regresó a la Argentina con una mochila mucho más pesada que la que llevó al partir.

Las imágenes de esos nueve días todavía lo acompañan. También los mensajes que recibió de compañeros de Aerolíneas Argentinas y de colegas aeronavegantes, que siguieron cada jornada de la misión y le dieron fuerzas para continuar cuando el desgaste físico y emocional empezaba a hacerse sentir.

Aunque volvió a casa, asegura que la emergencia está lejos de haber terminado y que Venezuela sigue necesitando ayuda.

Su historia también permite descubrir otra dimensión de quienes trabajan en la aviación comercial. Detrás del uniforme hay profesionales preparados para actuar en situaciones extremas, pero, sobre todo, personas capaces de poner sus conocimientos al servicio de otros cuando más lo necesitan.

Esta vez, Christian Luccisano no transportó pasajeros de un destino a otro. Viajó para intentar devolverles esperanza a quienes, de un momento para otro, lo habían perdido casi todo. Y quizás esa haya sido la travesía más importante de toda su carrera.

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