El Senado de la Nación volvió a transformarse en el escenario de un cortocircuito político que expone las profundas fallas de coordinación en la cúpula del oficialismo. La presidenta del bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, encendió las alarmas al confirmar públicamente que se suspendía la presentación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, prevista para el próximo 2 de julio. La senadora argumentó que carecía de sentido exponer al funcionario a una sesión de ocho horas destinada exclusivamente al «castigo público» por parte de la oposición, asegurando además que la medida había sido consensuada con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
Sin embargo, la estrategia de protección civil diseñada por Bullrich chocó de frente con la reacción del propio Adorni. Apenas minutos después del anuncio, el jefe de Gabinete utilizó su cuenta en la red social X para desmentir la suspensión, afirmando que se encuentra a total disposición para concurrir al recinto el día pactado, en estricto cumplimiento de lo que establece la Constitución Nacional. Desde el entorno del funcionario explicaron que la sorpresiva desmentida buscó frenar la instalación de una narrativa que sugiriera que el Ejecutivo intentaba eludir el control parlamentario, en un contexto donde el patrimonio de Adorni viene siendo severamente cuestionado por la oposición dura.
Este cruce de versiones generó un profundo desconcierto y malestar dentro de la propia bancada libertaria. Fuentes del bloque calificaron el episodio como un «papelón insólito», especialmente porque los legisladores venían de mantener una reunión de coordinación esa misma tarde en la Casa Rosada, donde no se había mencionado ninguna modificación en la agenda de la Cámara alta.
El conflicto de fondo radica en el avance de un pedido de interpelación impulsado por el kirchnerismo contra Adorni. Paraneutralizar este avance, Bullrich logró sellar un acuerdo político clave con los bloques de la oposición dialoguista. En la última reunión de labor parlamentaria, se resolvió modificar las reglas de juego para la sesión de este jueves: se elevó la vara y ahora se requerirá una mayoría agravada de dos tercios de los senadores presentes para habilitar el tratamiento sobre tablas de cualquier pedido de interpelación.
Esta nueva ingeniería parlamentaria busca sepultar el entendimiento de la semana pasada que permitía el debate con mayoría absoluta y encendió la furia de Unión por la Patria. El jefe de la bancada peronista, José Mayans, se ausentó deliberadamente del encuentro en señal de rechazo y adelantó que exigirá en el recinto el respeto a los acuerdos firmados previamente, anticipando una sesión de extrema beligerancia política.
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