En el Centro Comercial de Av. Avellaneda: «Antes sobraba gente en las veredas. Hoy faltan compradores dentro de los locales»

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La avenida Avellaneda, sin manteros y con comercios vacíos

Durante años reclamaron que sacaran a los vendedores ambulantes. Finalmente, los manteros desaparecieron de las veredas, pero ahora uno de los mayores centros comerciales de Buenos Aires enfrenta una crisis alarmante: locales vacíos, persianas bajas y comerciantes que aseguran que hay días en los que no venden absolutamente nada. ¿Se llevaron también a los compradores?

La avenida Avellaneda, en el barrio porteño de Flores, parece estar viviendo una verdadera paradoja comercial. Lo que durante años fue uno de los paseos de compras más concurridos de la Ciudad de Buenos Aires atraviesa una situación que preocupa cada vez más a quienes tienen sus negocios en la zona.

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Antes sobraba gente en las veredas. Hoy faltan compradores dentro de los locales.

Y detrás de esta realidad aparece una historia que merece ser contada.

Primero pidieron que los sacaran

Durante años, comerciantes de la avenida Avellaneda reclamaron medidas contra los manteros, a quienes señalaban como responsables de una competencia desleal por vender productos sin afrontar los mismos impuestos, alquileres y obligaciones que los negocios habilitados.

El reclamo no era nuevo. La Asociación de Comerciantes de la Avenida Avellaneda (ACOMA), creada en 2013, surgió precisamente de la necesidad de impulsar la salida de los vendedores ambulantes de la zona.

Finalmente, en febrero de 2025, el Gobierno de la Ciudad desplegó un megaoperativo que retiró a más de 5.000 manteros de las calles de Flores.

La medida fue celebrada por comerciantes y autoridades. Las veredas quedaron despejadas y se anunció una nueva etapa para el comercio formal.

Pero el tiempo pasó y apareció otro problema: la gente dejó de llegar en las cantidades de antes.

¿Y si los manteros también eran parte del atractivo comercial?

Durante décadas, la avenida Avellaneda fue mucho más que una sucesión de negocios de indumentaria.

Era un verdadero fenómeno comercial y popular. Miles de personas recorrían sus calles buscando precios económicos, ofertas, oportunidades y productos de todo tipo.

Los manteros formaban parte de ese paisaje. Sus puestos atraían a compradores que caminaban por la zona y, en ese recorrido, también podían ingresar a los comercios tradicionales.

Aquí aparece una pregunta incómoda:

¿Los manteros eran solamente competencia o también contribuían a generar el movimiento de consumidores que beneficiaba a toda la avenida?

La posibilidad de que el comercio callejero funcionara como un atractivo adicional para los compradores abre un debate que hasta hace poco parecía impensado.

Porque una cosa es eliminar la competencia informal y otra muy distinta es conseguir que miles de personas sigan eligiendo ese mismo lugar para comprar.

De las veredas repletas a los negocios que no venden

Los números y testimonios que comenzaron a conocerse durante 2026 reflejan una situación preocupante.

Un relevamiento difundido en mayo señaló que alrededor del 30% de los locales de la zona estaban vacíos. Comerciantes entrevistados por distintos medios describieron una fuerte caída del movimiento comercial.

En septiembre, el administrador de una galería de 16 locales ubicada en Concordia y Bogotá advirtió que algunos negocios atraviesan jornadas completas sin concretar una sola venta.

El problema también tiene otras explicaciones: la pérdida del poder adquisitivo, el crecimiento de las compras por internet, los elevados alquileres y las restricciones al ingreso de micros provenientes del interior del país.

Sin embargo, la desaparición de los manteros deja abierto otro interrogante sobre el funcionamiento de este enorme centro comercial.

¿Se subestimó la importancia de aquella multitud que recorría las calles, miraba precios, comparaba productos y terminaba comprando en distintos negocios?

La gran ironía: ¿ahora necesitan recuperar el movimiento que antes rechazaban?

El contraste resulta difícil de ignorar.

Los comerciantes reclamaron durante años que las veredas quedaran libres de vendedores ambulantes. Hoy, con esas veredas despejadas, muchos de esos mismos negocios enfrentan un problema todavía más preocupante: la falta de clientes.

No existe evidencia suficiente para afirmar que todos los comerciantes quieran que regresen los manteros. Tampoco puede atribuirse exclusivamente al desalojo la caída de las ventas.

Pero la situación invita a plantear una pregunta que seguramente generará polémica:

¿Terminarán los comerciantes reclamando el regreso de los manteros para recuperar el movimiento comercial que caracterizaba a la avenida?

Lo que antes se consideraba un obstáculo podría haber tenido también un efecto positivo sobre la circulación de consumidores.

Sacaron a los manteros, pero nadie puede obligar a los compradores a volver

El gran desafío de la avenida Avellaneda ya no parece limitarse a ordenar las veredas o controlar la venta informal.

Ahora se trata de recuperar su atractivo como destino de compras.

Porque los comercios pueden tener sus vidrieras impecables, sus puertas abiertas y sus productos perfectamente exhibidos, pero sin consumidores no hay ventas.

Y mientras algunos comerciantes cuentan que no llegan a cubrir sus gastos y otros directamente bajan las persianas, queda flotando una reflexión que resume la contradicción de este histórico polo comercial:

Querían las veredas libres de manteros. Las consiguieron. Pero ahora necesitan algo mucho más difícil: volver a llenarlas de compradores.

La gran pregunta es si, en el intento de ordenar uno de los centros comerciales más populares de Buenos Aires, también se perdió parte de aquello que lo hacía atractivo para miles de personas.

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