Un reciente estudio académico replanteó la imagen clásica de los grandes animales extintos como criaturas ágiles y veloces, ya que al parecer eran más lentos de lo que se creía.
Investigadores de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Granada demostraron que los dinosaurios gigantes y los mamuts se desplazaban a velocidades mucho más bajas de lo que se creía.
Para llegar a estas conclusiones, el trabajo comparó su biomecánica con la de los elefantes actuales, los animales terrestres más pesados que aún existen. Así, la evidencia científica permitió ajustar las estimaciones a parámetros reales.
De este modo, la ecología del pasado se observa hoy desde una mirada más precisa, vinculando tamaño corporal, locomoción y uso del territorio.

Mamuts, proboscídeos y humanos primitivos
Los resultados indican que el mamut lanudo alcanzaba poco más de 20 kilómetros por hora, mientras que especies aún más grandes apenas superaban los 15. Esta lentitud marcaba su relación con el entorno y sus depredadores.
En la cuenca de Orce, en la provincia de Granada, el Mammuthus meridionalis convivió con los primeros humanos de Eurasia occidental. Allí, incluso los ejemplares más grandes, como el hallado en Fuente Nueva 3, se movían con relativa calma. Por lo tanto, estas especies dependían más de su tamaño defensivo que de la velocidad para sobrevivir.
Dinosaurios gigantes y paisajes antiguos
En el caso de los dinosaurios, los datos son aún más reveladores. El Argentinosaurus hiunculensis, uno de los mayores animales terrestres conocidos, no habría superado los 10 kilómetros por hora.
En Europa, el Turiasaurus riodevensis, descubierto en Teruel, alcanzaría una velocidad apenas mayor. Estas cifras contrastan con representaciones populares de animales colosales corriendo a gran velocidad.
Así, los ecosistemas mesozoicos estaban dominados por gigantes lentos, adaptados a recorrer grandes distancias sin apuro.

Nuevos modelos para entender el pasado
La investigación contó con aportes de universidades de Queensland y Helsinki, y se centró en corregir errores de antiguos modelos matemáticos. Estos solían agrupar animales con anatomías muy distintas, generando sobreestimaciones.
Al basarse en datos empíricos de elefantes vivos, los nuevos cálculos permiten reconstrucciones más realistas del comportamiento ecológico.
Gracias a ello, hoy se comprende mejor cómo migraban, se alimentaban y ocupaban su hábitat estas especies extintas.
Las causas que llevaron a la extinción
La lentitud de estos gigantes fue una desventaja frente a cambios ambientales abruptos. En el caso de los mamuts, el calentamiento climático del final del Pleistoceno redujo drásticamente sus hábitats.
Además, la expansión humana sumó presión a través de la caza y la fragmentación de los ecosistemas. La combinación de ambos factores aceleró su desaparición.
En los dinosaurios, una extinción masiva vinculada a impactos cósmicos y volcanismo alteró el clima global. Así, incluso los colosos mejor adaptados no pudieron sobrevivir a un planeta que cambió demasiado rápido.







