Imágenes satelitales recientes expusieron la concentración de buques pesqueros de gran escala, en su mayoría de nacionalidad china, operando en alta mar justo fuera de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina, en la franja conocida como Milla 201.
Las capturas muestran columnas de embarcaciones que se extienden por kilómetros, reflejando la creciente presión sobre los recursos pesqueros del Atlántico Sur.
Un fenómeno sostenido
Aunque no es un hecho nuevo, las imágenes confirman lo que autoridades argentinas y organizaciones no gubernamentales han advertido durante años: la presencia de una flota industrial de pesca de altura, vinculada principalmente a China, Taiwán y Corea del Sur, que explota sin supervisión efectiva especies clave como el calamar Illex argentinus más allá de las 200 millas náuticas.
En Buenos Aires, la Prefectura Naval Argentina monitorea en tiempo real el movimiento de estas embarcaciones mediante sistemas de vigilancia marítima. El comandante Mauricio López explicó que cada año, durante cinco o seis meses, la flota extranjera llega desde el océano Índico y otras regiones para operar en la Milla 201, generando un grave problema ambiental.
La dificultad de regular la alta mar
La Milla 201 corresponde a la alta mar, un espacio fuera de jurisdicción nacional, históricamente difícil de regular. Allí operan buques gigantescos que, según organizaciones ambientales, forman una masa flotante comparable a una “ciudad en el mar”.
Dentro de la ZEE argentina las intervenciones de control son efectivas, pero una vez que los pesqueros cruzan ese límite, las naciones ribereñas carecen de herramientas jurídicas directas para inspeccionar o sancionar.
Crecimiento de la pesca intensiva
Según la Environmental Justice Foundation (EJF), las horas de actividad pesquera en la Milla 201 crecieron un 65 % entre 2019 y 2024, impulsadas principalmente por los buques pesqueros chinos.
Este aumento ocurre en un vacío regulatorio, ya que no existen límites internacionales de captura para el calamar en alta mar. Los barcos aprovechan la ausencia de acuerdos vinculantes para maximizar sus capturas.

Impactos ambientales y ecológicos
El impacto no se limita a la sobreexplotación del calamar. Esta especie cumple un rol central en la cadena trófica del Atlántico Sur, siendo alimento de numerosos depredadores marinos. Su declive podría desencadenar un efecto dominó ecológico que afecte:
- Ballenas y delfines.
- Peces comerciales como la merluza y el atún.
- Comunidades costeras que dependen de estos recursos para subsistir.
Debate internacional y el Tratado de Alta Mar
La preocupación por esta situación ha impulsado debates internacionales sobre la necesidad de una regulación más estricta de la pesca en aguas internacionales.
La reciente entrada en vigor del Tratado de Alta Mar, un acuerdo global de la ONU para la Conservación y Uso Sostenible de la Biodiversidad Marina en zonas fuera de jurisdicción nacional, ofrece un marco potencial para enfrentar estos desafíos. El tratado permitirá:
- La creación de áreas marinas protegidas.
- La realización de evaluaciones de impacto ambiental antes de actividades que puedan dañar los ecosistemas.
La concentración de la flota pesquera china en la Milla 201 expone la fragilidad de los mecanismos de control en alta mar y la urgencia de avanzar hacia acuerdos internacionales efectivos.
La sobreexplotación del calamar y sus efectos en la cadena trófica del Atlántico Sur son un recordatorio de que la protección de la biodiversidad marina es un desafío global que requiere cooperación y acción inmediata.







