El cruel asesinato de Orelha, un perro callejero que vivía desde hacía una década en la playa Praia Brava de Florianópolis, generó una ola de indignación en todo Brasil. Tres adolescentes son investigados por propinarle una paliza mortal a principios de mes, mientras que familiares de dos de ellos y un tío fueron acusados de coaccionar a un testigo.
La noticia movilizó a miles de ciudadanos que salieron a las calles en distintas ciudades bajo la consigna “Justiça por Orelha”, reclamando justicia y penas más duras contra el maltrato animal.
Protestas masivas en todo el país
Las manifestaciones se replicaron en ciudades de todos los rincones de Brasil, con pancartas que denunciaban la crueldad del hecho: “No es una broma de adolescentes, es un asesinato”.
- En São Paulo, la protesta fue una de las más concurridas, con marchas en la Avenida Paulista.
- En otras ciudades, vecinos, activistas y familias se sumaron para exigir cambios legales y mayor protección a los animales.
La indignación se amplificó en redes sociales, donde circularon imágenes y recuerdos de Orelha, que era alimentado y cuidado por el vecindario como parte de la figura del “perro comunitario”, promovida en Brasil para dar contención a animales callejeros.
Reclamos y tensiones sociales
El caso abrió múltiples debates:
- Animalistas exigen leyes más duras contra el maltrato animal.
- Sectores políticos aprovecharon la protesta para impulsar la reducción de la edad penal a 16 años.
- Vecinos y activistas temen la impunidad, dado que las familias de los sospechosos son influyentes en la ciudad.
La crueldad del ataque y el perfil de los acusados hicieron que el caso trascendiera como un símbolo de violencia y desigualdad.

Investigación y controversias
La Policía Civil investiga a tres adolescentes, tras descartar la participación de un cuarto. Dos de ellos fueron interrogados, aunque su defensa asegura que las pruebas son “frágiles” y denuncia una “inquisición digital” contra las familias.
La indignación popular creció cuando se supo que dos de los sospechosos viajaron a Disneylandia en Florida tras el episodio, lo que fue interpretado como un signo de impunidad y privilegio.
Impacto social y político
El asesinato de Orelha se suma a una serie de hechos violentos que han marcado la agenda social en Brasil. En diciembre, feminicidios especialmente crueles generaron marchas contra la violencia machista. Ahora, el maltrato animal se convirtió en un nuevo eje de movilización.
El Código Penal brasileño castiga el maltrato a perros y gatos con penas de hasta cinco años de prisión, pero los menores de 18 años son tratados como infractores y reciben medidas socioeducativas, nunca cárcel. Esto alimentó el debate sobre la necesidad de endurecer las leyes.
Humanización de las mascotas
El caso también refleja la creciente humanización de los animales domésticos en Brasil, donde más de 160 millones de mascotas conviven con la población. La industria vinculada al cuidado animal es enorme, con hospitales veterinarios municipales, seguros médicos y servicios especializados.
Un recuerdo doloroso
La furia por la muerte de Orelha evocó el caso de Galdino Pataxó, un indígena quemado vivo en Brasilia en 1997 por cinco jóvenes que dijeron “hacer una broma”. Dos eran hijos de jueces y, con los años, obtuvieron cargos públicos. La comparación refuerza el temor a la impunidad en casos donde los acusados pertenecen a familias influyentes.
El asesinato de Orelha se convirtió en un hito de movilización social en Brasil, visibilizando la violencia contra los animales y la necesidad de reformas legales. La protesta ciudadana muestra que la defensa de los bienes comunes y de la vida animal se ha instalado como un tema central en la agenda política y social del país.







