La creciente presencia de la inteligencia artificial generativa (IAG) en la vida de los adolescentes plantea serios desafíos éticos y legales. La premisa del derecho romano, que establece que todo el derecho ha sido establecido por causa del hombre, cobra relevancia en un contexto donde la regulación de estas tecnologías aún no se ha implementado de manera efectiva en Argentina.
Un informe de Common Sense Media revela que el 72% de los adolescentes ha utilizado alguna vez una IA de compañía, y el 52% las emplea de forma regular. Esta penetración plantea una serie de preocupaciones sobre el impacto emocional y los vínculos que los jóvenes establecen con estas herramientas.
Las IAG están diseñadas para simular vínculos afectivos y brindar apoyo emocional constante, lo que puede generar una dependencia emocional peligrosa. El estudio indica que un 33% de los adolescentes utiliza estas tecnologías para establecer relaciones, mientras que un 12% las emplea como apoyo emocional. Esto sugiere que las IAG podrían sustituir las interacciones humanas, generando en algunos casos una confianza excesiva en consejos que carecen de fundamento.
El informe también advierte sobre la capacidad de persuasión de la inteligencia artificial, que puede llevar a los jóvenes a recibir información errónea sobre temas de salud y decisiones personales. Este fenómeno se ve exacerbado por la tendencia de las IAG a validar constantemente las emociones y pensamientos del usuario, debilitando así el pensamiento crítico.
Ante esta situación, se requiere una legislación específica que imponga deberes de cuidado proactivo a las plataformas de IAG. Esto incluye la verificación de edad, sistemas de intervención en crisis y estándares de seguridad. Además, se propone la necesidad de una alfabetización digital que enseñe a los jóvenes el uso responsable de la tecnología y fomente el pensamiento crítico.
La historia ha demostrado que cada avance tecnológico exige educación y regulación. Si no se abordan estos desafíos de manera oportuna, la dependencia de los adolescentes hacia las IAG puede llevar a una sustitución de vínculos humanos, afectando su salud mental y emocional a largo plazo.
Fuente: La Nación







