La Quiaca está sentada en la mesa donde se diseña el futuro del NOA

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Durante demasiado tiempo, a La Quiaca se la miró como un confín. Como una ciudad lejana, útil apenas para la postal de frontera, para el relato del límite, para el simbolismo del “norte del norte”. Ese enfoque quedó viejo. Lo que acaba de ocurrir con la visita de la ministra Alejandra Monteoliva, el acompañamiento del gobernador Carlos Sadir y la centralidad política del intendente Dante Velázquez obliga a leer otra cosa: La Quiaca dejó de ser periferia y empezó a ser plataforma. Plataforma de soberanía, de logística, de seguridad, de integración regional y de desarrollo económico.

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Recorrido por el Centro Cultural de La Quiaca, donde palpita la industria creativa pronto a lanzarse.

No fue un detalle menor que el gobernador haya ingresado al despacho de Intendencia cerca de las 10:30 de la mañana y que la conversación, sumada a los recorridos posteriores, se extendiera por horas. No fue un saludo de paso. Fue una jornada de trabajo real, de intercambio profundo, de lectura estratégica del territorio. Dante Velázquez no solo recibió a las máximas autoridades: las condujo personalmente, en camioneta, por puntos clave de la ciudad, les mostró el Complejo Cultural, les expuso prioridades urbanas, logísticas y geopolíticas, y puso sobre la mesa una visión integral de La Quiaca. Ahí está uno de los datos políticos más fuertes del acontecimiento: el municipio no esperó lineamientos desde arriba, los produjo, porque son los mismos.

Y cuando un intendente logra que el gobernador y una ministra nacional no solo escuchen, sino permanezcan, recorran, observen y tomen compromisos concretos, entonces ya no estamos frente a una audiencia institucional. Estamos frente a una validación política. La Quiaca fue escuchada en serio. Y eso explica por qué del encuentro salió una definición de enorme impacto: la pavimentación de la avenida España como obra estratégica. No se trata de un simple asfaltado urbano. Se trata de una arteria articuladora entre el puente internacional, la futura zona franca, la Ruta 9 y la Ruta 40. Dicho sin rodeos: es una obra que ordena circulación, potencia turismo, mejora logística y materializa una idea de ciudad conectada al comercio y al movimiento regional.


El Intendente Dante Velázquez, junto al Gobernador Carlos Sadir y la Ministra de Seguridad de la Nación Alejandra Monteoliva

Ese compromiso del gobernador Carlos Sadir tiene una carga política mucho más grande que la que podría sugerir una lectura administrativa. Porque la avenida España, en este contexto, es infraestructura de soberanía. Es un tramo físico de una idea más amplia: si La Quiaca va a consolidarse como nodo estratégico, necesita corredores internos que acompañen su nueva escala. Sadir entendió eso. Y lo entendió no en abstracto, sino en territorio, viendo, caminando, hablando, recorriendo. Por eso también asimiló como una oportunidad estratégica el trabajo que el municipio viene realizando desde hace dos años para consolidar el corredor transversal que potencia el corredor bioceánico y proyecta al NOA hacia aguas profundas en Perú.

Dante Velázquez acompañó la celebración del Domingo de Ramos y La Quiaca abrió con fe el camino de la Semana Santa
Ese punto merece subrayarse con tinta gruesa. Mientras buena parte de la política argentina sigue atrapada en la coyuntura chica, en la pelea corta y en la administración del día a día, desde La Quiaca se viene empujando una mirada geopolítica de largo alcance. La posibilidad de un brazo logístico hacia Perú, complementario del esquema bioceánico, no es una fantasía retórica: es una hipótesis de desarrollo real para Jujuy y para el norte argentino. Significa ampliar salidas, diversificar rutas, conectar producción, reposicionar territorios. Que esa visión haya sido reconocida y valorizada por el gobernador no solo fortalece al municipio: pone en valor el trabajo de una ciudad que entendió antes que muchos que la geografía también puede ser una ventaja competitiva si hay decisión política.


Obras de refacción de calzada y traza vial en el corredor del complejo fronterizo, ejecutadas por el municipio, con el apoyo del Gobierno de la Provincia de Jujuy

En esa misma lógica, la zona franca aparece como un factor decisivo. No como un eslogan repetido, sino como una herramienta de reconfiguración territorial. Si la frontera se moderniza, si la seguridad se profundiza, si la infraestructura vial acompaña, si la conexión con corredores internacionales se consolida, entonces la zona franca deja de ser una promesa aislada para convertirse en el corazón de un ecosistema. La Quiaca puede pasar de ser una ciudad de paso a ser una ciudad de operaciones. Esa es la diferencia entre administrar un límite y construir un nodo.

Y en este entramado, la seguridad ocupa un lugar central. La ministra Alejandra Monteoliva vino a profundizar acciones en frontera y a ratificar que el Estado nacional comprende la densidad estratégica del paso La Quiaca-Villazón. No vino a inaugurar solo equipamiento: vino a inscribir a la ciudad dentro de una cadena de prioridades nacionales. El control fronterizo, el comando tripartito, la cooperación con Bolivia y Chile, la modernización operativa del complejo, todo eso le da a La Quiaca una nueva centralidad. Dante Velázquez lo leyó con claridad: esto es soberanía. No como palabra vacía ni como declamación patriótica de ocasión, sino como presencia efectiva del Estado, como toma de decisiones, como inversión en territorio, como capacidad de transformar frontera en oportunidad.

El antecedente del respaldo de Patricia Bullrich al reacondicionamiento de la ruta nacional y el compromiso cumplido de enviar autoridades a La Quiaca muestra una continuidad de agenda. No estamos ante un hecho aislado, sino ante una secuencia. La ciudad empezó a decantar en el ideario colectivo como un punto al que hay que mirar. Y eso, en política, es determinante. Porque cuando una ciudad logra ingresar a la agenda geopolítica, después llegan las obras, las decisiones, los recursos y las disputas por su centralidad. La Quiaca ya está en ese umbral.


Centro Cultural La Quiaca

Pero acaso el gesto más inteligente de Dante Velázquez haya sido otro: mostrar que desarrollo no es solo logística y frontera. Por eso el recorrido incluyó el Complejo Cultural. Por eso puso en escena la identidad quiaqueña como base de una industria creativa posible. Y por eso ese tramo de la visita vale tanto como el resto. Porque una ciudad estratégica no puede ser solo un corredor de mercancías o un puesto de control. También tiene que ser un territorio con alma, con relato, con cultura, con marca propia. Si La Quiaca quiere jugar en grande, necesita combinar seguridad, infraestructura, comercio e identidad. Esa síntesis estuvo presente en la visita y fue comprendida por quienes hoy toman decisiones.

La Quiaca ya no es periferia: es frontera estratégica, nodo logístico y pieza central de la seguridad nacional
La Quiaca ya no está golpeando la puerta del poder central para que la miren. La Quiaca está ofreciendo una visión de país desde la frontera. Una visión donde el norte no es margen, sino vanguardia. Donde la soberanía se ejerce con obras, con rutas, con control inteligente, con corredores, con cultura y con planificación. Donde el municipio no administra resignación, sino oportunidad. Y donde Dante Velázquez aparece como un actor que no se limitó a gestionar la coyuntura, sino que empujó una lectura estratégica que hoy empieza a ser compartida por la Provincia y la Nación.

Cuando eso ocurre, los territorios cambian de rango. Y La Quiaca está cambiando de rango. De ciudad extrema a plataforma estratégica. De frontera olvidada a vientre de oportunidades para Jujuy y para todo el NOA.

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