Las últimas encuestas difundidas antes del balotaje presidencial de Brasil anticipaban una victoria ajustada de Flávio Bolsonaro sobre Luiz Inácio Lula da Silva. Sin embargo, el resultado de las elecciones del domingo 25 de octubre contradijo esas proyecciones y terminó con la reelección del actual mandatario, quien gobernará el país por cuarta vez.
Con más del 99,7% de las secciones electorales escrutadas, Lula obtuvo el 51,76% de los votos válidos, frente al 48,24% de Bolsonaro, según los datos del Tribunal Superior Electoral (TSE). La diferencia superó los 4,3 millones de sufragios y marcó un resultado que ninguno de los cinco principales sondeos había anticipado.
El triunfo también tuvo un componente histórico. Por primera vez desde el retorno de la democracia brasileña, un candidato que había terminado segundo en la primera vuelta consiguió revertir el resultado y ganar la presidencia.
Qué decían las cinco encuestas antes de la votación
Los relevamientos publicados durante los días previos coincidían en mostrar una elección extremadamente ajustada, aunque todos ubicaban al senador del Partido Liberal (PL) por encima del candidato del Partido de los Trabajadores (PT).
Datafolha se presenta en votos válidos; las demás cifras son las intenciones de voto informadas en los relevamientos. Resultado con más del 99,7% de las secciones escrutadas.
Datafolha, una de las principales consultoras brasileñas, proyectaba una victoria de Bolsonaro por 51% a 49% en votos válidos. El estudio se realizó mediante entrevistas presenciales a 4.050 electores entre el viernes 23 y el sábado 24 de octubre, con un margen de error de dos puntos porcentuales.
Al considerar también los votos blancos, nulos y las personas que todavía no habían definido su elección, el relevamiento otorgaba 48% a Bolsonaro y 47% a Lula. Otro 3% manifestaba su intención de votar nulo y un 2% permanecía indeciso.
La consultora Quaest también mostraba una ventaja del candidato opositor, con 46% frente al 45% de Lula. El estudio incluyó a 3.702 personas y registraba una diferencia de apenas un punto porcentual, dentro del margen de error.
En la misma línea, CNT/MDA ubicaba al senador con 46,3% y al presidente con 45%, a partir de 2.032 entrevistas realizadas entre el 21 y el 23 de octubre. Su margen de error era de 2,2 puntos.
Por su parte, AtlasIntel/Bloomberg proyectaba 49,9% para Bolsonaro y 48,4% para Lula. La investigación había consultado a 4.990 personas entre el 18 y el 23 de octubre y presentaba un margen de error de un punto porcentual.
Finalmente, BTG/Nexus registraba una diferencia de un punto a favor del opositor, con 47% contra 46%, sobre una muestra de 2.000 entrevistados entre el 23 y el 24 de octubre.
El resultado que contradijo las proyecciones
Aunque las diferencias de las encuestas eran reducidas y varias se encontraban dentro de sus respectivos márgenes de error, los cinco relevamientos coincidían en colocar a Bolsonaro por delante.
El escrutinio terminó invirtiendo ese escenario. Lula no solamente consiguió superar al candidato opositor, sino que obtuvo una ventaja de 3,52 puntos porcentuales, equivalente a más de 4,3 millones de votos.
En el caso de Datafolha, que proyectaba un resultado de 51% a 49% favorable al senador, la diferencia respecto del resultado electoral fue de aproximadamente 2,8 puntos porcentuales para cada candidato, por encima del margen de error informado.
La comparación permite observar las limitaciones de los relevamientos para anticipar el comportamiento definitivo del electorado, especialmente en una elección caracterizada por diferencias pequeñas y una fuerte polarización política.
Bolsonaro había ganado la primera vuelta
El escenario previo también favorecía al candidato del Partido Liberal por los antecedentes de la primera ronda electoral, celebrada el 4 de octubre.
En aquella oportunidad, Flávio Bolsonaro había conseguido el 47% de los votos, mientras que Lula alcanzó el 45%. La diferencia representaba aproximadamente 2,2 millones de sufragios, sobre un padrón de 158,7 millones de personas habilitadas para votar.
Ese resultado colocaba al senador en una posición favorable de cara al balotaje, especialmente por los antecedentes históricos del sistema electoral brasileño.
Desde la recuperación democrática, ningún candidato que hubiera quedado segundo en la primera vuelta había logrado revertir la diferencia en una segunda ronda presidencial.
Lula modificó esa tendencia y consiguió una victoria que le permitirá iniciar un nuevo mandato, después de haber gobernado entre 2003 y 2010 y regresar a la presidencia en 2023.
Las estrategias de campaña y el voto decisivo
Después de la primera vuelta, Lula modificó parte de su estrategia electoral, con mayor presencia en redes sociales y actos públicos, mientras concentró sus cuestionamientos sobre Bolsonaro en denuncias de presunta corrupción y supuestos vínculos con organizaciones criminales.
El senador, por su parte, buscó presentar una imagen más moderada, utilizando conceptos como “futuro”, “prosperidad” y “cambio”. También prometió excluir a los sectores de menores ingresos de su programa de ajuste fiscal.
Durante la jornada electoral, ambos candidatos mantuvieron sus diferencias públicas.
Tras votar en São Bernardo do Campo, en el estado de San Pablo, Lula sostuvo que “el pueblo fue a la calle a defender sus conquistas” y cuestionó a su adversario al afirmar que “el pueblo no va a permitir que un miliciano maneje el Planalto”.
Bolsonaro, quien emitió su voto en Río de Janeiro acompañado por su esposa, insistió en la necesidad de un cambio político y convocó a la participación electoral.
“Llegó la hora del cambio, Brasil no aguanta más”, expresó el senador, antes de pedir a los ciudadanos que concurrieran a las urnas “llueva o haga sol”.
Las encuestas daban ganador a Flávio Bolsonaro, pero Lula dio vuelta el resultado y consiguió su reelección
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