Las Grutas: aguas cálidas y aventuras en la costa patagónica

- Publicidad -

Hay un momento en Las Grutas que sorprende: la marea se retira, la playa se vuelve inmensa y, horas después, el agua regresa hasta los acantilados. En ese movimiento aparece la personalidad de este balneario del golfo San Matías, un clásico rionegrino. Sus aguas transparentes y templadas invitan a nadar frente al horizonte patagónico.
El corazón de la villa late entre sus bajadas al mar, donde se concentran paradores, paseo costero, propuestas familiares y vida nocturna. Las cavidades excavadas por el oleaje al pie de las bardas le dieron nombre al destino. Como las mareas modifican el ancho de la playa, conviene consultar la tabla oficial antes de armar el día.
Hacia el sur, Piedras Coloradas cambia el paisaje con afloramientos rojizos y arena abierta. Más lejos espera Fuerte Argentino, una meseta situada a unos 40 kilómetros, destino de excursiones en 4×4 por el camino de los pulperos. Otro imperdible son las Salinas del Gualicho: una depresión, 72 metros bajo el nivel del mar y a unos 60 kilómetros de Las Grutas. Al atardecer, la planicie blanca se vuelve extraordinaria.
El golfo también se disfruta mar adentro. Hay navegaciones para observar fauna marina desde Las Grutas, Piedras Coloradas y San Antonio Este; pueden aparecer delfines, aves y, en temporada, ballenas francas australes. También es posible hacer un bautismo de buceo frente a la Tercera Bajada, donde una formación rocosa sumergida reúne especies patagónicas entre tres y seis metros de profundidad. Las salidas dependen del clima y deben contratarse con prestadores habilitados.

La escapada se completa con dos vecinos. San Antonio Oeste, a unos 15 kilómetros, conserva su identidad portuaria y ferroviaria: vale recorrer la costanera, acercarse al muelle pesquero y conocer el barrio del tren. A media hora, San Antonio Este propone playas transparentes; Las Conchillas sorprende con una costa cubierta por fragmentos de valvas y atardeceres.

- Publicidad -

En la mesa manda el golfo. Pulpito, vieiras, mejillones, merluza, abadejo, lenguado y róbalo llegan a cazuelas, escabeches, pastas y platos grillados. También aparece el aceite de oliva producido en los alrededores. Para dormir hay hoteles, apart, hosterías, cabañas, departamentos, hostels y campings. En enero y febrero conviene reservar con anticipación y verificar que el alojamiento esté habilitado.
Desde la ciudad de Buenos Aires, el viaje por carretera ronda los 1.040 kilómetros. El acceso norte se realiza por la Ruta Nacional 3 y luego por la Ruta Provincial 2; conviene revisar el camino y prever combustible. También llegan ómnibus a la terminal local. La alternativa aérea es volar a Viedma y completar el trayecto por tierra, verificando antes frecuencias y conexiones.
Las Grutas luce a pleno en verano, pero fuera de temporada gana silencio y otro vínculo con el paisaje. Rige también una regla de oro: consultar las mareas, llevar abrigo aun en días cálidos y dejar tiempo libre. ¡Porque acá el mejor plan puede ser esperar que el mar vuelva!

Las Grutas Turismo

ULTIMAS NOTICIAS