Llegaron las ballenas a Península Valdés: son muchas, se aparean y están con sus crías

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“Va a volver a saltar”, avisa alguien y todos miramos hacia dónde está la ballena. “Si salta una vez, en general lo hace de nuevo varias veces”, acota la guía ballenera. Entonces, efectivamente, la ballena vuelve a saltar y no lo hace una vez, sino cinco… Todo para éxtasis y emoción del grupo de veinte privilegiados que participamos de uno de los primeros avistajes de ballena franca austral del año. Vinimos hasta Península Valdés para ser testigos del lanzamiento de una nueva temporada de avistajes. Y, con sol radiante y sin viento, las ballenas parecen decididas a darnos la bienvenida.

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Como si se tratara de un mediodía de julio o agosto, nos embarcamos y a lo largo del recorrido que dura una hora y media vemos alrededor de treinta ejemplares en el Golfo Nuevo. Hydro Sport, empresa pionera y líder en esta actividad, nos lleva hacia aguas profundas en una embarcación semi rígida –Nanana I– que está genialmente diseñada para que podamos ver las ballenas desde distintos ángulos y sin perderlas de vista. Mientras algunas saltan a lo lejos, otras revolean la cola. Como dijimos, una vez que empiezan, no lo hacen una vez, sino varias.

Hay, además, grupos de cópula que juegan alborotadas y se cortejan. Y vemos una madre con su cría, que pareciera tener apenas unos días de vida. “Esto parece julio o agosto”, repite la guía ballenera en relación a la gran cantidad de ejemplares que ya llegó al golfo. “Si en junio está así…”, se ilusionan todos.

La ballena franca austral, que es una de las once especies de cetáceos que habitan la tierra, suele llegar al Golfo Nuevo en junio y lentamente. En busca de aguas calmas y protegidas, aquí se aparean, paren y entrenan a sus crías para volver a salir a mar abierto, en el mes de noviembre. Consideradas por muchos como un ser mítico, por su comportamiento amigable y confiado, guardan misterios que aún los biólogos no han podido desentrañar con estudios concluyentes. ¿Por qué saltan? ¿Qué hacen con la cola? Esas son algunas de las preguntas que les hacemos a los guías esta vez, y que cientos de turistas se hacen todos los años y que aún no tienen respuesta. Algunos dicen que los machos saltan para mostrar sus ínfulas en el cortejo. Otros dicen que lo hacen para sacarse los pequeños crustáceos. Agitar la cola puede que sea una forma de llamar a otra ballena, pero ¿para eso no están las vocalizaciones? “El que te dice que tiene la posta, te miente”, aclaran los guías.

Para verlas desde el agua nos embarcamos en Puerto Pirámides, el único pueblo que está dentro de la Península Valdés, al norte de la provincia de Chubut. Localidad minúscula y encantadora –de un par de cuadras y dos bajadas al mar– está dentro de esta región que en 1999 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Epicentro del avistaje de fauna costera de nuestro país, en la región también se pueden ver pingüinos de Magallanes y elefantes marinos (de septiembre a marzo), lobos marinos de un pelo (todo el año), y diferentes especies de delfines.

Devenido en un animal emblemático de nuestra Patagonia, la ballena franca austral mide en promedio de 13 a 15 metros de largo en el caso de los machos y alrededor de 16 en las hembras. Pesan cerca de 40 toneladas y su alimento principal es el krill y los peces pequeños. Tienen barbas largas que cuelgan del maxilar superior, con las que filtran los alimentos. En relación a sus callosidades, las tienen desde que nacen y albergan unos crustáceos mínimos identificados como “piojos de la ballena”, que son distintas en cada ejemplar y, como una huella digital, permiten identificarlas. Con una boca de grandes dimensiones, tienen los ojos a los costados de la cabeza (y no al frente).

Tras una temporada 2025 récord en cantidad de ejemplares –se calcula que llegaron alrededor de 2.000 o 2.500–, la zona se prepara con entusiasmo para volver a recibir turistas este invierno y durante la primavera. La recomendación es planificar el viaje con al menos dos días para disfrutar las ballenas, porque si hay viento sur, es factible que no estén dadas las condiciones para verlas embarcados. Eso será desde Puerto Pirámides, pero claro que la región además cuenta con Puerto Madryn como ciudad fundamental para alojar visitantes, coordinar actividades y para ver ballenas desde la costa –o el balcón del hotel–.

Nosotros también gozamos de la experiencia de disfrutarlas desde la playa, en Las Canteras, dentro de la Reserva Municipal El Doradillo, apenas al norte de la ciudad y donde hay un puesto de guardafauna. Las dos experiencias –desde la costa y embarcados– son complementarias y muy necesarias para celebrar a pleno la existencia de este ejemplar mágico de nuestra Patagonia.

Datos útiles

Ministerio de Turismo y Áreas Protegidas de Chubut

Secretaría de Turismo de Puerto Madryn

Secretaría de Turismo de Puerto Pirámides


Fuente: La Nación

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