La obra «Los ojos del perro siberiano», basada en la novela de Antonio Santa Ana, ha llegado a las tablas con una adaptación a cargo de Nico Sorrivas y Martín Palladino. Este musical, que se presenta en la Sala Politeama, explora la compleja relación entre dos hermanos en un contexto familiar marcado por el silencio y el estigma de la enfermedad.
La historia se centra en un adolescente que busca entender la situación de su hermano mayor, Ezequiel, quien es diagnosticado con VIH. Este conflicto familiar, que gira en torno a la vergüenza y el rechazo, resulta en una desconexión que lleva a Ezequiel a abandonar el hogar. A lo largo de la trama, el hermano menor se embarca en un viaje de descubrimiento, acompañado por Sacha, un perro siberiano que simboliza la aceptación y la comprensión.
La adaptación teatral presenta un desafío único al convertir una narrativa profundamente introspectiva en un musical. La propuesta escénica utiliza elementos como puertas y ventanas que representan la convivencia de experiencias y emociones, mientras que los personajes atraviesan diferentes etapas de sus vidas, interpretados magistralmente por Alan Madanes y Dante Barbera.
El sida, como figura central del conflicto, se convierte en un vehículo para explorar temas de discriminación y temor, que son relevantes en la sociedad actual. La obra no se limita a ser una representación de los años noventa, sino que se conecta con realidades contemporáneas en la lucha contra el estigma.
El uso del musical permite incorporar un ensamble que retrata la sociedad que observa y juzga, creando un espacio dramático donde la soledad se manifiesta a través de los cuerpos en escena. La dirección musical de Juan Pablo Schapira, junto con las letras de sus canciones, complementa la narrativa, infundiendo belleza y profundidad a la historia.
La representación del perro siberiano a través de un títere diseñado por Ale Farley aporta un elemento mágico a la puesta, destacando la creatividad en la manipulación de los personajes. La obra culmina en momentos de humor y alegría, especialmente durante una escena de fútbol, que contrasta con la seriedad de la temática central.
En resumen, esta adaptación de «Los ojos del perro siberiano» logra captar la esencia de la novela original, presentando una experiencia visual y emocional que invita a la reflexión sobre los vínculos familiares y las luchas personales en un contexto social complejo.
Fuente: La Nación







