La ingeniería electoral que el Gobierno nacional intenta moldear en el Congreso de la Nación de cara a los próximos turnos electorales comenzó a exhibir fisuras y matices internos de peso. Al abandonar el recinto de la Cámara Alta en el marco de las celebraciones por el Día de la Independencia, la senadora nacional Patricia Bullrich blanqueó sus discrepancias con la estrategia que un sector del riñón político de la Casa Rosada viene tejiendo de forma subterránea. La legisladora cuestionó abiertamente la eventual implementación del sistema de listas colectoras, una moneda de cambio que el Ejecutivo evalúa ofrecer para destrabar uno de sus objetivos políticos más ambiciosos: la eliminación definitiva de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
«No me gusta», disparó de forma tajante Bullrich al ser consultada sobre el uso de colectoras, un mecanismo que permite que múltiples boletas de diferentes partidos sumen votos hacia una misma candidatura principal (como la presidencial o la gobernación), pero compitiendo entre sí en los tramos inferiores. Aunque reconoció con pragmatismo que por el momento el arco político general «no ha encontrado un sistema mejor» para conformar a todas las terminales partidarias, sus declaraciones marcaron una evidente toma de distancia respecto del ala negociadora oficialista, que busca desesperadamente blindar el respaldo parlamentario de los gobernadores aliados de la Unión Cívica Radical (UCR), el PRO y fuerzas provinciales.
Para La Libertad Avanza, el norte estratégico está fijado en consolidar el liderazgo unificado de Javier Milei con la mirada puesta en sus planes de reelección. Sin embargo, para los mandatarios provinciales y los partidos tradicionales que acompañan la agenda legislativa de Balcarce 50, la desaparición lisa y llana de las PASO representa un riesgo severo, dado que los dejaría sin una herramienta institucionalizada para dirimir sus feroces internas locales. Frente a este dilema, la alternativa de una «colectora única» o acotada cobró fuerza en los despachos oficiales como una forma de suturar la pérdida de las primarias, permitiendo que varios postulantes locales tributen a la misma boleta nacional sin necesidad de desgastarse en una interna previa en las urnas.
Más allá del debate técnico sobre las boletas, Bullrich ratificó que su prioridad inquebrantable sigue siendo desmantelar el actual esquema de las primarias. La senadora fundamentó su postura bajo un argumento de eficiencia institucional, sosteniendo que las PASO estiran de manera desproporcionada los calendarios de campaña y terminan por «acortar mucho el tiempo de gobierno» efectivo de las administraciones. De esta manera, mientras el oficialismo busca coordinar posiciones para encarar el debate parlamentario en las próximas semanas, las declaraciones de la referente del espacio visibilizan la complejidad de una negociación donde coinciden la necesidad fiscal y operativa de suprimir las elecciones obligatorias con la resistencia de los aliados territoriales a perder su autonomía política.
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