Los argentinos tenemos un paÃs que es el espejo que nos devuelve la imagen que maquillamos para mostrar.
Nos gusta vernos de cierta manera, con ideales que sabemos que no encarnamos del todo. Elegimos a quienes repiten los discursos que pronunciarÃamos cuando queremos conseguir algo; a quienes suenan creÃbles, aunque sepamos que esa credibilidad es frágil.
Nos reflejamos en ellos porque tienen una parte de ese ideal que admiramos, pero que no estamos dispuestos a entregar si eso implica ceder privilegios o intereses.Tenemos lo que somos.Somos dioses con minúscula, y concedemos las disculpas que nos regalan el egoÃsmo y la avaricia.
Nuestro paÃs es el traje que diseñamos para un evento donde creemos que solo deberÃan estar los que piensan como nosotros.Un barco con camarotes de privilegios, donde algunos disfrutan derechos que otros—tan humanos como nosotros— también merecen.Somos arquitectos del paÃs que construimos.
Argentinos que eligen quién dirija lo que nosotros no sabemos, o no queremos, dirigir. Incapaces de dar a cada uno lo que le corresponde.Que le pertenece al prójimo.Tenemos todo para hacer de esta tierra el paÃs que soñamos, pero descosemos el saco y hacemos la vista gorda.El que menos tiene culpa al que tiene un poco más. Desmerecer el mérito ajeno. Y el que elegimos —una y otra vez— es el reflejo de esa esencia que late en nosotros, aunque no queramos verla.No elegimos mal: elegimos lo que somos. Mostramos lo que creemos esconder.
Por eso, cuando el resultado no nos gusta, lo que en realidad nos duele es reconocernos.Porque en el fondo sabemos que no estamos conformes con lo que somos. Nos falta honestidad.Nos falta valentÃa para hacer de nuestro paÃs un espejo que devuelva lo mejor de nosotros, y no ese reflejo torcido que nace del desprecio silencioso entre clases, del miedo o del egoÃsmo.
Hoy votamos otra vez.Entre nombres, colores y promesas, votamos —sin quererlo— nuestra propia imagen.Y quizás, solo quizás, el dÃa que dejemos de buscar culpables afuera y miremos de frente lo que cada uno aporta (o se niega a aportar), ese dÃa empecemos a construir la Argentina que realmente merecemos.Porque somos simples mortales, y al final, lo único que nos queda es un último suspiro.
Reflexión final.
No hay paÃs posible si no nos atrevemos a mirarnos sin disfraces. El voto es apenas el espejo.La verdadera elección empieza cuando decidimos quiénes queremos ser.
Por Andrea Abrigo.







