En la estepa del noroeste de Santa Cruz, el guía Facu Epul lidera una temporada de avistaje de pumas que se distingue por su enfoque responsable. Para él, el éxito no se mide únicamente en la cantidad de avistajes, sino en la madurez del proceso: la comprensión del territorio, el respeto por la fauna y la construcción de experiencias colectivas que trascienden la expectativa inicial.
Facu impulsa El Choique Guía, un proyecto que propone recorrer la estepa a otro ritmo, con tiempos largos, escucha atenta y un contacto profundo con el paisaje. El crecimiento del proyecto implicó dejar atrás el trabajo individual y consolidarse como equipo, asumiendo responsabilidades compartidas y cuidando cada detalle de las salidas.
Aprender a leer el territorio
Quienes llegan buscan, casi siempre, ver al puma. Sin embargo, con el correr de los días, la experiencia se transforma:
- Se aprende a leer rastros y distinguir si un puma pasó hace poco o hace mucho.
- Se escucha a los guanacos y se observan los comportamientos de otras especies.
- Se comprende el rol del puma en el ecosistema y el equilibrio de la estepa.
Incluso cuando el animal no aparece, la salida no se vacía: se convierte en un proceso de aprendizaje y conexión con el entorno.
El cuerpo en silencio
Las jornadas largas, el frío y la espera generan un registro distinto del cuerpo. Facu explica que el silencio cambia el orden de los pensamientos: la ansiedad baja y la atención se vuelve más fina.
- Al principio, la incomodidad aparece rápido.
- Con el tiempo, los visitantes se adaptan y logran detectar fauna antes que el propio guía.
Este proceso convierte la espera en un ejercicio de contemplación y paciencia.

Un lenguaje compartido
Las caminatas y silencios crean un lenguaje común entre los grupos. Muchas veces, las miradas bastan para comunicarse. Al final de cada salida, se percibe una camaradería natural, sin guiones ni artificios.
Facu aprendió que no hay que forzar nada: ni los avistajes, ni las expectativas, ni los recorridos. Por eso recomienda salidas de varios días, donde el parque siempre devuelve algo, aunque no sea lo que se imaginaba.
Una escena que resume la experiencia
Si tuviera que elegir una imagen, Facu no se quedaría con el avistaje de un puma, sino con un momento de espera en el cañadón Caracoles: el grupo sentado, inmóvil, el silencio completo, apenas sin viento.
Aunque parece que no ocurre nada, en realidad sucede todo: el paisaje, el tiempo suspendido y la atención puesta cien por ciento en la estepa.
Pasión y compromiso
Facu reflexiona sobre por qué sigue haciendo este trabajo: porque lo conmueve, le despierta curiosidad y lo apasiona. Para él, caminar la estepa y compartirla con otros es una forma de cuidar lo que ama y generar conciencia desde la experiencia directa.
“Guiar no es solo mostrar un lugar, es acompañar una forma de estar”.
La temporada de avistaje de pumas en Santa Cruz se convierte en una práctica de respeto y contemplación. Más allá del encuentro con el animal, la experiencia invita a bajar el ritmo, escuchar el territorio y compartir silencios, construyendo una relación auténtica con la naturaleza patagónica.







