A la hora de las escapadas turísticas, sin dudas, Tigre se ha convertido en uno de los destinos predilectos y más visitados. Sus diversas propuestas, como el río y sus regatas o paseos, la posibilidad de disfrutar de espacios naturales, el Puerto de Frutos, campings e islas, clubes y gastronomía son puntos principales de atracción. Pero también existe la posibilidad de conjugar cultura y turismo. Y en ese sentido, hay varias propuestas destacándose el Museo de Arte, que abrió sus puertas al público en 2006 y funciona en un edificio histórico del Delta, el ex Tigre Club, patrimonio histórico nacional y municipal.
En su decreto fundacional reza la siguiente cita: “…su colección se integrará con las obras más representativas del arte argentino, comprendidas entre los siglos XIX y XX. Resaltando aquellas expresiones de carácter figurativo que reflejen, con claridad, imágenes relativas a los tipos y costumbres de nuestro país y de las comunidades que forjaron la Nación incluyendo sus paisajes y tradiciones. Priorizando, en todos los casos, el más alto nivel de calidad artística, acorde al ámbito de excelencia que debe ser propio de una institución museológica”.
Más allá de su belleza arquitectónica, enmarcada por las condiciones naturales que rodean la zona, el Museo expone obras de autores que visitaron o vivieron en Tigre y recrearon su particular geografía. Pero el componente patrimonial va más allá: hay una excelente colección de arte argentino de fines del siglo XIX y principios del XX, que refleja tipos y costumbres de nuestro país y de las comunidades que fueron asentándose en la Argentina.
Presenta, además, muestras temporarias como la inaugurada el pasado 11 de noviembre, llamada “La materia infinita” en homenaje al escultor y docente Pablo Edelstein, que reúne 70 obras entre cerámicas, dibujos, acuarelas y esculturas en bronce y acero del artista. Con curaduría de Laura Casanovas y Gabriela Vicente Irrazábal. “La materia infinita” reúne en cuatro salas de la planta baja del museo los trabajos de este creador nacido en Suiza y nacionalizado argentino. La exposición podrá recorrerse hasta el 17 de marzo.
En el Museo de Arte de Tigre (MAT) se puede observar una fototeca de artistas contemporáneos, dedicada a escenas del Tigre y el Delta, así también fue incrementando su patrimonio con esculturas, muchas de ellas emplazadas en los jardines.
Al referirnos a la belleza arquitectónica del edificio donde se asienta el Museo, vale recordar su pasado. Allí se erigió la sede del Tigre Club. Inaugurado en 1912, su objetivo fue fomentar la recreación social y deportiva, con regatas y práctica de otros deportes. El proyecto original del edificio estuvo a cargo de la firma francesa Dubois y Pater, los mismos arquitectos que proyectaron el palacio familiar Ortiz Basualdo, actualmente sede de la Embajada de Francia, en la Ciudad de Buenos Aires.
El Tigre Club, caracterizado por su estilo neoclásico de fin del siglo XIX, en sus espaciosos salones luce detalles propios de las construcciones de su tiempo, como el hierro para los portones, el mármol de Carrara para las escaleras, el roble para los pisos, bronces y dorados a la hoja para los detalles ornamentales. Los diseños exteriores con luminarias magníficas completan el encanto.
La historia cuenta que, en 1974, el entonces intendente Néstor Pozzi expropió el edificio del Tigre Club, posteriormente declarado de interés histórico nacional en 1979, por su bello valor arquitectónico. En 1998, la Municipalidad de Tigre comenzó su restauración, para destinarlo a museo de arte, finalidad que hoy lo engalana. Bien vale la pena visitarlo por su acervo y su esplendor.
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