Quince años después de la participación de Benedicto XIV en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid, un Papa regresa a España, puerta de entrada de Europa a África y Sudamérica.
Sin embargo, no es solo la dimensión de un Papa que regresa por todo lo alto a un país de la UE con características únicas (su fuerte tradición católica histórica coexiste hoy con el hecho de ser el país más secularizado de Europa) lo que define un viaje que abordará los temas de la paz, el desarme y el llamado a superar la polarización y acoger a los migrantes, especialmente con una parada en las Islas Canarias, punto de llegada de la más que letal ruta atlántica.
Este hecho, tras años en los que el Papa Francisco se negó a reunirse con los obispos españoles en su tierra natal, debería bastar para definir la importancia del próximo viaje apostólico del Papa León XIV, que, tras sus visitas a Turquía y Líbano, el Principado de Mónaco y África, llega a la Península Ibérica.
Esto se complementa con importantes eventos políticos y religiosos: en Madrid, León se dirigirá al Congreso de los Diputados (una primicia para un Papa), un parlamento que suele tener voz en Sudamérica, y en Barcelona, celebrará un poderoso momento litúrgico con la Misa de inauguración de la Torre de Jesucristo en la Basílica de la Sagrada Familia en el centenario de la muerte de Gaudí.
Entre los 22 discursos que pronunciará, todos en español excepto uno en francés, y los cuatro viajes a Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, será imposible para el Papa eludir el tema de los abusos.
También podrían incluirse reuniones con las víctimas a última hora, fuera del programa oficial.







