Uyuni no nació mirando al turismo sino al ferrocarril. La ciudad, en el departamento de Potosí, creció a fines del siglo XIX con la expansión de la línea que vinculó el altiplano boliviano con Antofagasta. El tren llegó a la zona en 1889 y aquel pasado todavía se reconoce en las vías, la estación y el Cementerio de Trenes, una suerte de prólogo oxidado antes de entrar en uno de los paisajes más singulares de Sudamérica.
A pocos kilómetros comienza el Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo, con una superficie cercana a los 10.000 kilómetros cuadrados. El paisaje cambia radicalmente según la época: entre diciembre y abril, las lluvias pueden cubrir parte de la planicie con una lámina de agua que refleja el cielo; durante la estación seca reaparece la costra blanca, marcada por sus característicos polígonos. Todo sucede por encima de los 3.600 metros, donde la amplitud térmica y el frío nocturno forman parte del viaje.
Colchani suele funcionar como puerta de entrada. Desde allí parten las excursiones hacia los ojos de sal, la Isla Incahuasi —cubierta de grandes cactus— y, de acuerdo con las condiciones del terreno y el itinerario elegido, hacia el volcán Tunupa. Para quien dispone de dos o tres días, la travesía puede continuar hacia la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa: Laguna Colorada, flamencos, géiseres, aguas termales y desiertos volcánicos componen un recorrido de altura muy diferente al paseo de una jornada.
Elegir cuándo ir depende, entonces, de qué Uyuni quieras encontrar. La temporada húmeda ofrece mayores posibilidades de ver el efecto espejo, aunque el agua puede impedir el acceso a determinados sectores. Los meses secos facilitan desplazamientos más extensos sobre el salar, pero el invierno altiplánico obliga a prepararse para temperaturas bajas, especialmente al amanecer y durante la noche.
Para los viajeros del NOA, una de las alternativas más directas es llegar a La Quiaca, cruzar a Villazón y continuar por el sudoeste boliviano hacia Tupiza y Uyuni. También es posible ingresar por vía aérea a Bolivia y conectar con el aeropuerto Joya Andina, cuya infraestructura de radionavegación fue nuevamente verificada por NAABOL en julio de 2026.
El tren requiere comprobar la situación antes de organizar el viaje. Ferroviaria Andina informó que durante 2025 mantuvo un servicio de Ferrobús entre Oruro y Villazón con dos frecuencias semanales; sin embargo, en febrero de 2026 el Ministerio de Turismo todavía presentaba como proyecto el restablecimiento turístico del tramo Oruro-Uyuni. Por esa diferencia entre comunicaciones oficiales, no conviene dar por sentados horarios ni frecuencias sin confirmarlos previamente.
Los ciudadanos argentinos no necesitan visa para viajar a Bolivia como turistas. Pueden ingresar con DNI físico vigente o pasaporte, y el Consulado General argentino en La Paz informa una permanencia inicial de hasta 90 días. Para viajar dentro del Mercosur y Estados asociados, el DNI tarjeta es válido como documento de viaje; la versión digital no reemplaza al documento físico.
En materia sanitaria, para un itinerario limitado a Uyuni y otras áreas altas no está recomendada la vacuna contra la fiebre amarilla por criterio geográfico. La recomendación cambia si el recorrido incluye zonas bolivianas de riesgo situadas al este de los Andes y por debajo de los 2.300 metros. El dato merece atención: Bolivia mantuvo durante 2026 una vigilancia reforzada de fiebre amarilla y otras enfermedades transmisibles.
Cancillería Argentina aconseja evitar los desplazamientos nocturnos por rutas interdepartamentales, controlar el estado de los caminos y viajar con seguro de asistencia. Para quien entra en auto propio, además, es indispensable cumplir con las formalidades aduaneras bolivianas para vehículos extranjeros.
Comer, pagar y dormir en Uyuni
La moneda local es el boliviano. En hoteles y comercios urbanos pueden utilizarse medios electrónicos y el pago mediante QR está muy extendido en Bolivia, pero el efectivo sigue siendo conveniente para poblaciones pequeñas, mercados y algunos servicios en ruta.
El castellano es la lengua de uso cotidiano, mientras que el quechua y el aymara forman parte de la identidad cultural del altiplano. En la cocina aparecen productos adaptados a ese territorio: quinua, papas, carnes y sopas contundentes. La quinua tiene, además, un peso histórico en la producción agrícola del municipio.
Para alojarse, el centro de Uyuni concentra hoteles y hostales y facilita la contratación de excursiones y los traslados. Colchani permite dormir más cerca del salar y reúne algunas de las conocidas construcciones realizadas con bloques de sal.
A esta altura no conviene competir contra el cuerpo: hidratate, comé liviano durante las primeras horas, evitá esfuerzos bruscos y llevá protector solar, lentes y abrigo aun cuando el día empiece despejado. También dejá margen en el itinerario: lluvias, bloqueos o condiciones del salar pueden modificar recorridos.
Uyuni no necesita demasiados adjetivos. Alcanza con alejarse de la ciudad, cruzar la primera extensión de sal y ver cómo desaparecen las referencias del paisaje. Entre una historia hecha sobre rieles y una geografía que cambia con el agua y el viento, este rincón de Bolivia conserva algo difícil de encontrar en los destinos más transitados: la sensación de estar viajando a una escala distinta.
Información: https://www.salardeuyuni.com







