Durante siglos, los museos organizaron su propuesta alrededor de los objetos. Las piezas se exhibían, a veces con la protección de un vidrio, acompañadas por información que explicaba su valor histórico, artístico o cultural. El visitante recorría las salas, observaba, leía y aprendía. La experiencia estaba centrada en la colección y en la participación pasiva del público. Ese modelo comenzó a transformarse a medida que cambiaron las expectativas del público, los modos de consumo y las formas de acceder al conocimiento. La tecnología, la arquitectura y los nuevos lenguajes audiovisuales abrieron otras posibilidades.
El espacio ya no se concibe sólo como un lugar de exhibición para recorrer de manera lineal: también busca generar emociones, integrar distintas experiencias sensoriales e invitar a participar. El cambio quedó reflejado en la definición de museo aprobada por el Consejo Internacional de Museos (ICOM) en Praga, el 24 de agosto de 2022. Por primera vez, la definición incorporó las “experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos”, además de la participación de las comunidades. El museo, un espacio de conservación y exhibición, se transforma en un ámbito de encuentro e interacción.
“La idea nació en 1999, durante un viaje por Europa, recorrimos estadios y museos de fútbol, como el del Barca y nos preguntamos, ¿por qué acá no existe nada parecido?”, recuerda Daniel Gazzo, founder y socio de Mude. Dos años después, los amigos que luego serían socios en MUDE, inauguraron el Museo de la Pasión Boquense, el primero en su tipo en la región, financiado con capital privado de los socios y con el aporte de unos 3.000 hinchas cuyos nombres quedaron en el panel “Los fundadores de la pasión”. Desde entonces, la empresa diseñó el Museo River, el museo de fútbol más grande de Sudamérica; el Museo del Fútbol Sudamericano de la CONMEBOL; el Museu Benfica, elegido Mejor Museo Portugués del año por la Asociación Portuguesa de Museología; el Museu Flamengo en Río de Janeiro y el sector “Juve Oggi” del Juventus Museum de Turín.
“Un museo ya no puede pensarse únicamente desde lo que quiere mostrar. Tiene que partir de lo que busca generar en las personas. La colección, el relato, la tecnología y el espacio deben trabajar juntos para contar una historia que sensibilice, que deje huella en quienes visiten la muestra ”, explica Gazzo, que es especialista en el desarrollo de museos, exposiciones y experiencias inmersivas. Un museo para cada historia: clubes, marcas y patrimonio. Las salas, los recorridos, la iluminación y los recursos audiovisuales dejaron de ser elementos secundarios para pasar a ser recursos que completan la historia que se quiere contar acerca de una marca, un club, un hito histórico o un patrimonio.
En el museo de Boca Juniors, el cine 360° amplía la forma de acercarse a la historia y la identidad del club, en el de River Plate, el túnel del tiempo “River Infinito” y una esfera audiovisual de 360° proponen un recorrido por los momentos que marcaron su trayectoria. Entre otros casos de éxito, se encuentra el Museo del Deporte Santafesino, en Rosario, que ofrece una propuesta de mapping, cine 360° y representaciones holográficas que acercan a los ídolos de la provincia. También, en Paysandú, Uruguay, se presenta un espacio inmersivo subterráneo bajo la fuente de la Plaza Constitución que recrea el sitio durante el periodo 1864-1865 e integra la experiencia museográfica con el espacio urbano.
A su vez, la inteligencia artificial comienza a ampliar las posibilidades de mediación, con guías capaces de ofrecer información y acompañar las visitas de manera más personalizada. Los museos del futuro en el presente Pantallas, tótems y mesas interactivas que invitan a explorar en lugar de solo mirar; experiencias de realidad virtual y mixta; cine inmersivo 360° y proyecciones 3D mapping que transforman cualquier superficie en un rato, son algunos de los desarrollos que Mude implementa a la hora de pensar un museo para las nuevas generaciones.
“Hay que pensar los museos como experiencias especialmente planeadas para un público que ya no se conforma con observar”, asegura Lucas Spósito, Gerente de Contenidos de Mude. En la Argentina, la franja que más visita museos es la de 13 a 17 años, según la última Encuesta Nacional de Consumos Culturales. En 2026 se realizó la museografía del Centro Cultural Lola Mora, en San Salvador de Jujuy, la última obra proyectada por César Pelli, que reúne seis esculturas monumentales de mármol de Carrara de Lola Mora, juntas por primera vez en más de un siglo.
Ese mismo año desarrolló el Museo Interactivo del Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, inaugurado el 9 de septiembre: ocho salas con recorrido cronológico, desde la creación del cuerpo en 1812 y el cruce de los Andes hasta el módulo final “Ser Granadero”, con pantallas interactivas y recursos digitales. Entre los proyectos en desarrollo figura el Museo Cristo Redentor, en Río de Janeiro, con una proyección inmersiva de 270°.
En este escenario, las marcas y las instituciones también encuentran nuevas formas de relacionarse con sus públicos. Un museo puede expresar una identidad, transmitir valores y construir un vínculo que trascienda la comunicación tradicional y la inmediatez de la rutina. El museo contemporáneo no reemplaza la conservación ni el rigor histórico: los integra en una propuesta más amplia. La diferencia está en el vínculo que construye con sus visitantes: de la contemplación a la participación, de la información a la emoción y del objeto aislado a una historia compartida.
De la vitrina a la experiencia: así serán los museos del futuro
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