Una excursión tradicional desde Madrid es la que se hace hacia Toledo: la “Ciudad de las Tres Culturas”. Su fascinante casco histórico -por conservar el trazado que tenía en la Edad Media- fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Resulta un verdadero viaje al corazón histórico de España. Se llega en forma rápida y cómoda tanto en autobús por carretera como en tren desde Atocha; el tiempo estimado es entre 30 y 50 minutos.
Vale destacar que Toledo es capital de la provincia homónima en la comunidad autónoma de Castilla – La Mancha.
El recorrido combina una rica arquitectura, panorámicas espectaculares del Alcázar y el río Tajo, además de la inmersión en sus centenarios talleres de forja y orfebrería, especializados en espadas.
Se comprueba su designación “de las Tres Culturas” simplemente caminando. El recorrido que atraviesa distintas zonas cuentan su historia de invasiones y de haber sido poblada por cristianos, judíos y musulmanes. Ellas son: el barrio la Judería (allí puede visitarse la Sinagoga del Tránsito que alberga el Museo Sefardí y la sinagoga de Santa María la Blanca, hoy iglesia, pero es una construcción mudéjar, de 1180); el barrio de los conventos y el punto de arquitectura morisca donde se encuentra la ermita o iglesia del Cristo de la Luz, anteriormente mezquita de Bab al-Mardum, el edificio mejor conservado de las diez mezquitas de esta ciudad española.
*Toledo fue Reino visigodo, tras las invasiones germánicas, hasta la conquista romana en 193 a.C. En el siglo VIII fue conquistada por los musulmanes hasta 1085 en que Alfonso VI tomó la ciudad, Carlos I la hizo “ciudad imperial”.
Lo más destacado de la excursión:
La Catedral Primada de Santa María: Es considerada una de las obras cumbres del gótico en España. Su interior alberga un impresionante Coro, el Transparente iluminado por luz natural, una grandiosa Sacristía con lienzos de El Greco y la famosa Custodia de oro y plata de Enrique de Arfe. Es tanto el despliegue artístico y arquitectónico que el visitante pierde noción del tiempo en sus espacios. Le siguen en importancia varios templos cristianos como la iglesia de Santo Tomé, iglesia de los Jesuitas, y la parroquia Santiago el Mayor.
El imponente Alcázar: Desde el punto más alto de la ciudad, esta fortaleza militar domina el paisaje y ha sido testigo de siglos de historia. Las vistas desde la zona del Mirador del Valle hacia el Alcázar y el laberinto de murallas que abrazan la ciudad son la postal por excelencia de Toledo.
El legado artesanal: La tradición metalúrgica toledana y el famoso arte del damasquinado son universalmente conocidos. Se torna indispensable la visita a un taller tradicional —como los de Espadas Mariano Zamorano o los centros de Damasquinados Suarez o GoCraft Toledo— donde el viajero puede:
Observar el minucioso trabajo en vivo de los maestros artesanos.
Apreciar el proceso de forja del acero toledano.
Visitar los salones de venta, donde se exhiben piezas talladas a mano: desde réplicas de espadas históricas hasta finas alhajas y elementos de decoración decorados con hilos de oro puro.
Esta excursión es un destino en sí mismo en tierra española, que atrapa los sentidos y las emociones del turista. Cumple así, fielmente, a su segundo sobrenombre: Toledo: Patrimonio de los Sentidos.







