Cada primavera, miles de pingüinos vuelven a una islita baja del Canal Beagle, frente a la estancia más antigua de Tierra del Fuego. Desde octubre y hasta abril, Isla Martillo es el lugar para verlos de cerca, escucharlos y hasta caminar entre ellos.
Imaginate el agua fría y quieta del Beagle, las montañas todavía con nieve de fondo y, sobre una costa de piedras, una procesión de pingüinos que va y viene del mar con ese andar torpe y encantador que nadie puede mirar sin sonreír. Algunos se zambullen, otros se acomodan en sus cuevas entre los pastos, y el sonido de la colonia —un rebuzno que parece de burro— lo llena todo. Así es la llegada a Isla Martillo, la pingüinera de Ushuaia, una de esas experiencias que justifican por sí solas el viaje al fin del mundo.
Qué es Isla Martillo
Es una pequeña isla del Canal Beagle, ubicada frente a la Estancia Harberton, unos 85 kilómetros al este de Ushuaia. En temporada la ocupa una colonia reproductiva de pingüinos de Magallanes, que llegan en primavera para armar sus nidos, poner los huevos y criar a los pichones hasta el final del verano. Con ellos conviven, en menor número, pingüinos papúa, fáciles de reconocer por su pico anaranjado, y de vez en cuando aparece algún pingüino rey, el más grande y elegante de todos, que se roba todas las fotos.
Cómo es la visita
Hay dos grandes formas de conocer la pingüinera. La más común es la navegación: salís desde el muelle de Ushuaia o desde Puerto Almanza en catamarán, lancha o velero, y la embarcación se acerca a la costa de la isla para que veas la colonia desde el agua, sin desembarcar. Muchas salidas suman en el camino la Isla de los Lobos, la Isla de los Pájaros y el Faro Les Eclaireurs.
La otra es la joya de la corona: la caminata entre pingüinos. Con cupos reducidos y siempre con guía, desembarcás en la isla y recorrés un sendero marcado a pocos metros de los nidos, respetando las distancias y el ritmo de los animales. La opera @piratour, que ofrece salidas que combinan bus hasta Harberton y una corta navegación hasta la isla, y también navegaciones desde Ushuaia por las Islas Bridges con caminata incluida. Como los lugares son pocos, conviene reservar con anticipación, sobre todo en verano.
Estancia Harberton: historia frente al Beagle
La pingüinera tiene una vecina ilustre. La Estancia Harberton fue fundada en 1886 por el misionero anglicano Thomas Bridges y todavía hoy la atienden sus descendientes. Se llega por la Ruta 3 y luego por la Ruta J, un camino de ripio que bordea bosques, turbales y bahías, y abre al público desde mediados de octubre hasta marzo, de 12 a 19, con los martes como día de cierre.
Ahí podés hacer la visita guiada por el casco histórico, con sus construcciones de madera y sus jardines, y recorrer el Museo Acatushún, dedicado a los mamíferos y aves marinas del extremo sur, con una colección de esqueletos que impresiona. Y para cerrar, nada mejor que la casa de té, con tortas caseras y una vista al canal que pide quedarse un rato más.
Para combinar en el mismo viaje
El camino a Harberton es también el de Puerto Almanza, el pueblo de pescadores más austral del país, ideal para probar centolla y mejillones frente a Puerto Williams. En otra jornada podés recorrer el Parque Nacional Tierra del Fuego, hacer el trekking a la Laguna Esmeralda o salir en 4×4 hacia los lagos Escondido y Fagnano. Con tres o cuatro días tenés la isla en su versión más completa.
Para planificar tu viaje
Cuándo ir: la colonia está activa de octubre a abril. En primavera ves la llegada y los nidos; desde diciembre, los pichones.
Dónde: Isla Martillo, Canal Beagle, frente a la Estancia Harberton, Tierra del Fuego.
Cómo llegar: en navegación desde el muelle de Ushuaia o desde Puerto Almanza, o por tierra hasta Harberton (Ruta 3 y Ruta J, unos 85 km) y de ahí en lancha.
Duración: las navegaciones van de dos horas y media a cinco horas; la excursión con bus a Harberton y caminata ocupa la tarde completa.
Estancia Harberton: de mediados de octubre a marzo, de 12 a 19; cerrada los martes.
Qué llevar: campera rompevientos e impermeable, gorro, guantes, calzado cómodo y protector solar. En la isla no se permite tocar ni alimentar a los animales.
Ver experiencias en la Patagonia
Hay viajes que se recuerdan por un paisaje y otros por un encuentro. En Isla Martillo tenés las dos cosas: el Beagle de fondo y, a pocos pasos, un pingüino que te mira de reojo antes de seguir camino hacia el mar. Esta primavera, el fin del mundo te espera con la colonia completa.
Foto: Turismo Ushuaia.
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