Vacaciones: el desafío invisible de las familias que conviven con la discapacidad

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En medio de los reclamos por la Ley de Emergencia en Discapacidad, se pide que los medios y la sociedad acompañen también la lucha por un turismo verdaderamente inclusivo.

El estrés acumulado durante todo el año explota cuando llega el momento de planear las vacaciones. Para muchas familias que tienen un integrante con discapacidad, ese descanso tan esperado se convierte en una carrera de obstáculos.

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Comienza la peregrinación por las obras sociales en busca de información sobre coberturas en distintos destinos turísticos. Pero la respuesta más frecuente es un seco:> “La obra social no tiene prestadores en ese destino por el cual consulta.”Así, un rotundo “no” vuelve a cerrarle la puerta a quienes más necesitan un respiro.

Porque no se trata de un lujo, sino de la posibilidad de compartir, disfrutar y sanar un poco del peso que impone un sistema que muchas veces es más cruel que la enfermedad misma.

Salir sin cobertura es un salto al vacío. Hay que confiar en que, si ocurre una urgencia, alguien autorizará un traslado desde un lugar lejano hasta la institución donde se trata la patología. Pero cuando ni siquiera estando cerca se agilizan esos trámites, el descanso se vuelve un riesgo.Entonces llegan los parches: vacaciones por tandas, turnos rotativos, uno se queda mientras los otros viajan.

Pero nadie piensa en lo que siente la persona conDiscapacidad cuando ve partir a su familia. Ese silencio duele tanto como la indiferencia de los que podrían hacer algo y no lo hacen.Y la culpa aparece, inevitable, porque el descanso se convierte en un privilegio, no en un derecho.La raíz del problema está en una construcción social que aún no se ajusta a la realidad.

La falta de políticas turísticas inclusivas, de apoyo económico y de estructuras accesibles vuelve casi imposible elegir un destino adecuado.Transportes públicos adaptados escasos, cupos limitados, rampas ausentes, baños inaccesibles, cartelería sin braille ni intérpretes de lengua de señas. Todo esto configura un panorama que sigue dejando afuera a miles de personas.El imaginario social que asocia “discapacidad” con “incapacidad” genera estigmas que también se extienden al ocio y la recreación. Pero viajar no es un lujo. Es salud, es inclusión, es vida.Por eso, en el marco de la Ley de Emergencia en Discapacidad, es urgente que los medios de comunicación y la sociedad acompañen este reclamo.

Que se pida junto a las familias:Centros turísticos accesibles e inclusivos.Aumento en el cupo de pasajes adaptados.Accesibilidad en los baños y accesos de transportes.Coberturas de obras sociales en todo el país.No es mucho.No es un privilegio. Es un derecho.

Por Andrea Abrigo-Alerta Noticias.

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